Lluvia VI – En Pastos Delicados

Alzo mi mano,
Extiendo mis dedos.
Tomo tu mano… ¿O tú me tomas la mía?
No importa…

Cuando se cierra tu mano sobre la mía (o la mía sobre la tuya)
todo se vuelve blanco y el dolor y la incomodidad desaparecen.
Siento que se abre un portal y viajo por el…
A un lugar donde todo es tranquilidad.

Abro mis ojos… Veo pasto, hermoso, verde…
Recuerdo un salmo Bíblico… “En pastos delicados el Señor me hará descansar”.
El cielo azul, techo celeste e infinito.
Gracias, Dios!

A mi lado estás tú… Acostada en el pasto, al igual que yo.
Te miro, me miras. Sonríes, sonrío.
Me levanto en un codo, me acerco a ti.
Te beso la mejilla… Te sonrojas.
Me miras y, con una sonrisa dibujada en tus labios, me dices:
“Tu nariz… está fría”.
Sonrío y no digo nada, solo pienso:
“Tanto tiempo bajo el agua, quizás”.

Y ahí estamos, acostados en el pasto, felices,
un cielo solo para nosotros y el tiempo, incontable.

Me salvaste…

Te miro a los ojos, pura magia brotan de ellos, puro amor.
Abro la boca, pero antes me dices: “Te Amo”.
Suspiro…
Me robaste mis palabras… ¿Cómo es eso posible?
Vuelvo a suspirar…
Y aún viendo tus ojos, lo suelto, lo dejo escapar:
¡Gracias! ¡Te Amo!

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