Solo Con Una Palabra…

Dice uno de los “mandamientos del escritor” Escribe regularmente. Si no tienes mucho tiempo, escribe al menos cinco minutos por día. Y, por supuesto, he intentado llevar esa regla… y por eso me hice una cuenta de Twitter  :-D. Pero, en serio, trato de mantener mi creatividad escribiendo versos cortos, dedicando algo de tiempo al blog, revisando mis cuentos y editando y, claro, tratando de escribir algunos relatos largos aunque disponga de poco tiempo y motivación para ello. Tengo unos 20 cuentos terminados, suficientes como para publicar 1 ó 2 colecciones de relatos, pero también tengo algunos cuentos sin acabar, o apenas empezados, como este caso. Nadie los ha leído, y los que publique uno aquí tengan por seguro que serán los primeros en leerlos, después de mi, obviamente.

Este relato que viene a continuación, solo es el principio, la primera escena. Realmente no está titulado aún ya que ni recuerdo hacia dónde se dirigía la historia de esta bella joven, pero me atreví a titularlo con unas palabras sueltas como requisito para cada entrada de Constant Motions.

Sin más rodeos, aquí les dejo esta porción… Lo ideal sería que hagan sus críticas o sugieran ideas para su continuación, serían opiniones bien acogidas y quizás recompensadas de cierta manera si alguna llega a convencer mi musa.

Que lo disfruten…

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Por un momento pensé que simplemente me había quedado dormida mientras mi mente divagaba por universos paralelos; desiertos remotos, bosques encantados o lugares parecidos; de esos que solo puedes encontrar en películas, libros y videojuegos. Creía errar sin destino dentro de un sueño sin sentido y del cual pronto despertaría. Pero había algo carente de sentido. Traté de recordar los sucesos anteriores sin éxito alguno cuando, de pronto, escuché algo y, al ver alrededor, me percaté en qué lugar me ubicaba. En realidad no era mi mente que divagaba por lugares extraños, era mi propio cuerpo. Estaba oscuro, la luna llena iluminaba bastante pero no lo suficiente, si miraba al norte veía gigantescos árboles gruesos, lo mismo pasaba al sur, al este y al oeste. Me sentía en medio de una encrucijada de la muerte. Aún así olvidé el sonido que segundos antes había escuchado, esos segundos parecían horas… y volví a oírlo. Era un sonido realmente desgarrador, como si escarbaran tierra, pero no un insecto, algo mucho mayor, como si un zombie de George Romero quisiera salir al mundo real y devorar entre graves gruñidos bárbaros y torpes a la vez. Bastante difícil era identificar de donde provenía aquel sonido desgarrador, me sentía como un Harry Potter de carne y hueso en aquel laberinto, pero versión mujer. A mis espaldas, exactamente en mi nuca, sentí un hálito frío, un pútrido aliento glacial. Una voz murmuró a mi oído una palabra.

De repente todo volvió atrás como un exagerado retroceso del tiempo y del espacio y, con ello, volvieron los recuerdos de aquella noche y unas que otras pinceladas de mi niñez.

Solo con una palabra…

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